

Entre cortinajes de mi alcoba,
veo como llega la alborada,
cual alma cuando se enamoraba.
oigo el piar de las aves, anunciando,
el nuevo día, y la mañana recibiendo,
despidiendo ese gran manto azabache,
entre algo que no se, definir,
sensaciones que deja un sabor a teja,
húmeda, por el rocío que se deja percibir.
la soledad, alegría, amor, o la melancolía,
entre susurros de llanto y calida ternura,
la mente sorprendentemente no entendía.
tomando como, compañera,
esa soledad y con tanto reproche,
que resulto ser una oscuridad traicionera.